MANUAL DE DRAMATURGIA  
<< Anterior / Siguiente>>
 

Pondré un ejemplo burdo. Dos banqueros pelean porque uno de ellos se siente estafado. Esto es interesante. El primero, cuando se refiere al banco, donde fue la estafa, empieza a platicarnos de las posibilidades bancarias, de los intereses a un año, a dos, de las tazas, de los bonos financiables, del tanto por ciento, del IVA, de la tarjeta de ahorros, etc. etc. Con esta explicación detiene la acción y el público empieza a pensar en otras cosas y a moverse en su asiento. A él le interesa si un banquero va a meter al otro a la cárcel o le va a dar un balazo y no los porcentajes de interés bancario. Una muestra teatral de este defecto:

MANUEL.- Yo creo que lo malo es que no se hable. Porque, por no hablar, se fomentan complejos, antipatías y hasta rencores injustificados. Todavía hay muchos blancos que por el solo hecho de serlo se consideran superiores, y muchos prietos que se sienten deprimidos, avergonzados o resentidos.
DON RICARDO.- ( Habla en tono doctoral) Eso sucede, porque la cuestión tiene de todos modos más importancia de la que queremos darle. El color de nuestra piel es siempre indicio del mayor o menor grado de la mezcla de la sangre. Y no porque ninguna de las razas que han entrado en la mezcla sea humanamente superior a la otra; pero no hay que olvidar de los desastrosos resultados que produce a veces el choque de las sangres. Precisamente hace un rato leía yo en este libro la carta que escribió a Felipe II el Virrey de Velazco, unos años después de la Conquista, cuando los primeros mestizos comenzaban a crecer y multiplicarse. (Toma el libro, busca la página) Sí, aquí está. ( Leyendo) " Los mestizos aumentan tan rápidamente y muestran tan malas inclinaciones, tienen tal atrevimiento para la maldad, que son ellos, y no los negros, a quienes debe temerse".
(EL COLOR DE NUESTRA PIEL, de Celestino Gorostiza)

Párrafos adelante nos describe este mismo autor todas las posibilidades de cruza y los resultados de ella: albinos, mulatos, saltapatrás, etc. etc. Toda esta palabrería sirve para decir solamente que la hija anda con un prieto y eso a él no le gusta.

4.- DE PREFERENCIA EL DIÁLOGO TEATRAL DEBE SER SINTÉTICO

El teatro es de por sí una síntesis. El diálogo lo debe ser también, en especial en la época moderna donde ya no se admiten las grandes parrafadas. En tiempos pasados la gente podía asistir al teatro y permanecer en él tres a cuatro horas. Hoy es diferente.
Por otra parte al hacerse el diálogo sintético se gana enormemente en intensidad e interés pues se quita toda la paja con que antes adornaban cualquier texto dramático. El texto teatral anterior nos muestra ése antes, ése llenar de paja. Ahora bien, si un personaje necesita hablar mucho que lo haga, por eso puse “de preferencia” en este capítulo. El texto moderno puede ser como el que sigue:

CARMEN.- No tiene caso.
TILA.- Sería como...una despedida. ¡ Eso es ! ¡ Una oportunidad más para que el joven regrese!
CARMEN.- No vendrá, nana. No vendrá.
TILA.- Vendrá.
CARMEN.-¡ Qué no!
TILA.- ¡Vendrá!
CARMEN.- ¡Es imposible!
TILA.- Usted no puede estar segura.
CARMEN.-¡ Tú tampoco!
TILA.- Yo sí.
CARMEN.- ¿Como?
TILA.- Es la última vez.
CARMEN.- ¿ Y eso qué?
TILA.- Si realmente la quiere...es una oportunidad...para comprobarlo.
CARMEN.- El siempre lo dijo.
TILA.- Pero los años pasan.
CARMEN.-¿ Y si no es cierto?
TILA.- ¡Es!
( JUEGOS FATUOS, de Carlos Olmos)
Si escribiera Olmos como se hacía a principios de siglo probablemente su diálogo sería así:

CARMEN.- No tiene caso. Yo ya estoy preparada para todo esto, no en balde
me he pasado semanas y meses enteros tratando...
TILA.- Sería como...una despedida. ¡ Eso es! ¡ Una oportunidad más para que el joven regrese!
CARMEN.- No vendrá, nana. No vendrá. Qué más quisiera que poder equivocarme, pero no, lo conozco perfectamente, no es la primera vez que actúa de esta manera ni será la última. Cuánto me arrepiento ahora de haber creído en él, de haber confiado en sus palabras. Todo era mentira.

             
<< Anterior / Siguiente>>