MANUAL DE DRAMATURGIA
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curiosidad que el chamaco tenía de ver las estrellas y sentir el frío del monte y oír al coyote. ¡ Y cuándo le enseñé a cazar víboras!...
( LOS ALBAÑILES. de Vicente Leñero)

Para terminar dos diálogos viscerales.

BERTHA.- ¿ Ya llegaste?
NICOLASA.- ¿ No estás viéndome!
BERTHA.- ¿ No te atropellaron?
NICOLASA- ¿ Me falta alguna pierna?
BERTHA.- ¿ Cuánto gastaste?
NICOLASA.- ¿ Cuánto quieres que me haya gastado si sólo me diste tres pesos?
BERTHA.- ¿ Y te los acabaste?
NICOLASA.- Completamente.
BERTHA.- Entre tú y el sinvergüenza del marido de Clotilde van a dejarme en la calle.
(CLOTILDE EN SU CASA, de Jorge Ibargüengoitia)

ELVIA.- (Oliendo una prenda de ropa) Huele a vainilla, a lodo, a sangre calentada, a piel sudada; huele a él.
LUCÍA.- ¿No la lavaste? Debe oler a jabón.
ELVIA.- Nada consigue que desaparezca su olor, ni jabones ni vientos, ni aguas de mar o río, esencias de jazmín o de rosas. Mira, huele. ( Le acerca la ropa, Lucía la rechaza)
LUCÍA.- No me interesa su olor.
ELVIA.- ¿ Estás segura?
LUCÍA.- Sí.
ELVIA.- Pienso lo contrario. ( Se descubre el pecho) Mi piel huele a él. ¡ Huele mi pecho!( Lucía le da la espalda) ¿ No quieres? ¡ Huele mi vientre, huele mi sexo! Es su olor junto al mío. ¿ Entiendes? ¡ El suyo y el mío! Olores confundidos en uno solo igual que se confunde su cuerpo en el mío.
LUCÍA.- ¡ Mentira!
ELVIA.-¿ Mentira? ( La toma de los hombros, le da media vuelta para tenerla frente a frente. Se desnuda el pecho totalmente) ¡ Huele mi piel y olerás la suya, obsérvala y verás las huellas de sus dedos, de sus uñas, de sus dientes. Mira estas heridas. ( Se toma un seno y lo muestra) ¡Son heridas de amor!
LUCÍA.- ( Trata de salir) ¡ No es verdad, no lo es!
ELVIA.- ¿ No quieres verlas?...¡Contesta!
LUCÍA.- ¡ Basta!
ELVIA.- ( Vistiéndose) Eso es. ¡ Basta. Basta! ¿ Entendiste? ¡ Marco es mi marido!
LUCÍA.- ¡ Es mi padre!
ELVIA.- No lo tratas como tal, lo tratas como hombre.
LUCÍA.- Lo es.
ELVIA.- ¡ Pero no para ti, no para ti!
(GALOPA, GALOPA, de Tomás Urtusástegui)
Ejemplos de lo que puede ser cerebral, cordial y visceral los encontramos con facilidad en nuestras canciones.
Comencemos con las cordiales que son la mayoría.
Cuando un amor se va,
¡qué desesperación!...
Cuando un cariño vuela
nada consuela mi corazón.
Dan ganas de llorar,
no es fácil olvidar
al querer que nos deja
y que se aleja sin compasión.
No puedo comprender
qué cosa es el amor
si lo que más quería,
el alma mía me abandonó.
Pero no hay que llorar,
hay que saber perder,
lo mismo pierde un hombre
que una mujer.
(HAY QUE SABER PERDER, de Abel Domínguez)
¿ Están de acuerdo en seguir con una canción visceral que nos duela?
Creibas que no había de hallar
amor como el que perdí,
tan al pelo lo jallé
que ni me acuerdo de ti.
Una sota y un caballo,
burlarse querían de mí.
¡ Ay! ¡ Malaya quién dijo miedo
si para morir nací!
Amigos, les contaré

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